Ser parte de un equipo, no estrella del instagram

En esta era donde si no eres miembro de las redes sociales no eres nadie y si antes eras nadie ahora puedes tener un peso a nivel social, parece desaparecer cada vez más la diferencia entre mundo real y fantástico. O mejor, entre lo que pertenece a los mortales comunes y lo que es ciencia ficción. A menos que tu no seas un influencer, un término que puede considerarse válido incluso en el deporte. Pero, estamos seguros de que sea así?

Cada joven recibe desde pequeño información relacionada exclusivamente con los deportistas de élite, da igual que deporte. Ellos ven aquel deportista y piensan que ser jugador de fútbol o baloncesto es “guai”! Así que piensan que aquella será la manera en la que se portarán. Porque es la que te convierte en “guai”

La televisión, los medios y las redes sociales enseñan a los jóvenes imágenes de deportistas que se convierten cada vez más en personajes públicos y menos en atletas. Son siempre mas “guai” y menos amantes del deporte. Porque? Que cambia con la evolución digital?
Parece sencillo pero cuantas veces hablamos de la educación que la familia da a su propio hijo? O de los valores y principios que la familia puede transmitir e incidir en la forma de portarse, de actuar y de utilizar el lenguaje corporal?
Muchos equipos dejan jugar solo a los mejores chicos de sus plantillas. Lo entiendo, pero prefiero que mi equipo pierda en lugar de verlos jugar como si fueran grandes estrellas. Es mas, les dejaría salir del polideportivo con el mismo pensamiento que tenían cuando entraron: “yo, yo, yo”. “No he marcado, pues porque debería ser feliz?”. “Juego poco, porque debería ser feliz?”.
Este es el mundo que estamos viviendo ahora mismo.  Los jóvenes ya echan un vistazo a sus estadísticas porque deben ir a decirles a sus padres che han marcado muchos puntos. Los mas pequeños, al contrario, quieren jugar como equipo. Pero cuidado, jugar para los mas pequeños es una cosa seria. Es muy difícil ver a un niño montar una torre con los legos y reírse si no consigue terminar de montar la torre o si se le cae. Luego cuando crecen, si se convierten en jugadores importantes por su talento o por sus capacidades individuales, involucran a sus padres. Cuando pasa esto, a los chicos se les acaba el espíritu de equipo porque sus padres ya les dicen:
“No llegarás a ningún sitio si no destacas en algo!”.
A tal propósito os desvelo un “secreto”:
Puedes llegar muy lejos en el deporte solo con un equipo y un entrenador.
Así que a los padres siempre recomiendo enseñar el espíritu de equipo y no como ser una super estrella.
Aunque de pequeños no sepan moverse en el campo, los jóvenes atletas se dan aires de grandes jugadores. Ellos creen que será suficiente parecerse a un gran jugador para jugar bien. Y esto lo noto cada vez mas en los campos de volei como en los de fútbol, de baloncesto… Así que reclutar jóvenes que estén de verdad enamorados del deporte y aprecien incluso lecciones de otros compañeros de equipo se ha convertido en una tarea cada vez mas difícil.
Las redes sociales enseñan el lado más privado de un atleta y su manera de ser sin la camiseta puesta. Los dos mundos, el real y el virtual, deberían considerarse ya desde pequeños como dos mundos completamente diferentes, paralelos pero no complementarios. Pero la verdad es que muchas veces esto no pasa con los campeones del deporte, imaginaros si puede pasar con los jóvenes que intentan imitar a sus jugadores favoritos en todas sus actividades.

Os desvelo un truco que os abrirá un nuevo mundo: no se aprende a jugar al fútbol viendo a Cristiano Ronaldo en Instagram o a jugar al volei viendo a Ngapeth marcar un super punto utilizando técnicas nunca vistas. Tampoco te conviertes en un campeón si gritas como un loco como en las GIF de Twitter. No se aprende la recepción o el remate en Facebook. Por mucho que puedas mirar 20 veces un tutorial de youtube, este nunca podrá sustituir un entrenador así como ningún filtro cubrirá tus defectos mejor que un libero ayudándote en la defensa o un compañero con un bloque. Ningún vídeo de campeones del pasado te dará nunca emociones que te puede dar una victoria sufrida y vivida hasta el último momento, estés en el campo o en el banquillo, en una final de liga o en un campeonato local.

A todos recomiendo aprender a tener una correcta actitud. Si tu actitud no es correcta, te quedarás en el banquillo. Para siempre. No importa lo bueno que eres, si te portas como un bebé no entrarás ni siquiera durante el partido.  No se trata de tener siempre una sonrisa o quedar después del partido con los compañeros para tomar algo. Se trata de confiar en el compañero, de entregarte al deporte que practicas porque lo amas, de sufrir y celebrar siempre como si se tratara de una final de un mundial. Seis personas con una actitud correcta en el campo pueden suplir limites técnicos y conseguir objetivos nunca vistos.

He tenido la suerte de jugar en un equipo con estas características. Todos trabajábamos por las mañanas y por las noches entrenábamos duro. Nos gustaba tanto el volei que íbamos a entrenar a 40 km de casa cuando no teníamos la cancha disponible. Volvíamos a casa a las 12 de la noche y por la mañana a las 6.30 el despertador sonaba ya. Empezamos la temporada sin ningún objetivo de gloria pero si con ganas de pasarlo bien y darlo todo por el compañero. A mano que pasaban los partidos nos dimos cuenta de que eramos algo mas que un equipo de jugadores suficientes: teníamos un grupo, algo que muchos equipos de la liga no tenían. Acabamos la liga como cuartos. En los playoff eramos la mina vagante. Ganamos aquellos playoff y ascendimos a la tercera liga nacional italiana (B1). Una historia increíble pero una historia que pasó realmente, no te la mostrarán en las redes sociales. Yo he tenido la suerte de vivirla, ahora te toca a ti.

Una recomendación para los que se cruzarán en mi camino como jugadores: Cuando jugamos un partido muchas veces echo la mirada hacia el banquillo para ver que pasa. Si alguien esta bostezando, si no veo interés en el partido, si alguien está con la cabeza en otro sitio…bueno, conmigo como entrenador no meterán nunca pié en campo. Nunca.

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